Periodista: Cristian Rodríguez
Miguel Faña Crisostomo decidió un día incursionar en la política,
los principios ideológicos de aquella época estaban fortificados en el pensamiento
de lograr un mejor país, inicio su carrera política en un frente de lucha
popular, era el modelo evidente de la época para los jóvenes con pensamientos críticos.
Miguel Faña Crisostomo se agrego a un partido orientado hacia el centralismo democrático,
era tan rígido el proyecto que lo aíslo de otros proyectos en su vida, no tenía
tiempo para integrarse a los estudios superiores, formar una familia, los
amigos fueron seleccionados en el entorno de su carrera política precaria, la inducción
rígida de los principios morales de la organización lo cerco también de la
cultura tosca de la época, no a la infidelidad, no tomar decisiones
particulares, puntualidad, servicios a la sociedad y al partido, entre otros
elementos íntegros del formulismo de la entidad política que había que
respetarlo de pie a cabeza.
No a la corrupción era la consigna sempiterna, el análisis de los procesos históricos de la humanidad, la formación de la burguesía, las plusvalías y sus consecuencias, división de clases, el papel de los obreros en la lucha revolucionaria, economía política y mas fueron algunos de los tantos contenidos que le dieron valía a esa organización política que llego al poder no por casualidad. Esa narrativa la repite a cada instante Miguel Faña Crisostomo donde quiera que se inmoviliza para intentar revivir los propósitos utópicos de su líder que soñó con una sociedad libre de corrupción, dispuesta a servir para adecentar los problemas recurrentes de una sociedad con dificultades serias para ejecutar proyectos con sentidos de equidad y a pesar de nunca disfrutar de las mieles del poder, su defensa radical al mismo es inconmensurable, su preocupación se establece en la desvinculación estructural, los representantes o militantes están viviendo en un confort que lo encierra, acumulando riqueza para comprar conciencias en las etapas que precisan retener el poder político, es lo que ha llevado a Miguel Faña Crisostomo a ondear el emblema de la existencia de un liderazgo crápula en la sociedad, reclama pertinazmente de una oposición contestaría que reclame una distribución justa del presupuesto de la nación, una justicia independiente, elevar la calidad de vida, integración agresiva para coadyuvar a la integración de los ciudadanos a los trabajos comunitarios, el rescate a la formación política de los partidos y la puesta en práctica de un reordenamiento de las legislaciones partidarias. A Miguel Faña Crisostomo le molesta después que el partido ascendió al poder que los representantes siempre son los mismos, dirigentes políticos que aprendieron a negociar en la actividad política, aplican métodos de las matemáticas e invierten la cantidad dinero suficientes para la retención de un escaño, les enrostran en la cara a los pobres ciudadanos el costo de su moral y eso mismo valen para no asumir compromisos con la colectividad. Miguel plantea que el liderazgo crápula permanecerá hasta que no se ponga en práctica leyes partidarias que regulen las aspiraciones de nuestros futuros representantes en el Estado. No al liderazgo crápula para un mejor país, es la bandera que carga como estampa Miguel Faña Crisostomo para exigir más responsabilidad e integración de los mal llamados líderes políticos.
No a la corrupción era la consigna sempiterna, el análisis de los procesos históricos de la humanidad, la formación de la burguesía, las plusvalías y sus consecuencias, división de clases, el papel de los obreros en la lucha revolucionaria, economía política y mas fueron algunos de los tantos contenidos que le dieron valía a esa organización política que llego al poder no por casualidad. Esa narrativa la repite a cada instante Miguel Faña Crisostomo donde quiera que se inmoviliza para intentar revivir los propósitos utópicos de su líder que soñó con una sociedad libre de corrupción, dispuesta a servir para adecentar los problemas recurrentes de una sociedad con dificultades serias para ejecutar proyectos con sentidos de equidad y a pesar de nunca disfrutar de las mieles del poder, su defensa radical al mismo es inconmensurable, su preocupación se establece en la desvinculación estructural, los representantes o militantes están viviendo en un confort que lo encierra, acumulando riqueza para comprar conciencias en las etapas que precisan retener el poder político, es lo que ha llevado a Miguel Faña Crisostomo a ondear el emblema de la existencia de un liderazgo crápula en la sociedad, reclama pertinazmente de una oposición contestaría que reclame una distribución justa del presupuesto de la nación, una justicia independiente, elevar la calidad de vida, integración agresiva para coadyuvar a la integración de los ciudadanos a los trabajos comunitarios, el rescate a la formación política de los partidos y la puesta en práctica de un reordenamiento de las legislaciones partidarias. A Miguel Faña Crisostomo le molesta después que el partido ascendió al poder que los representantes siempre son los mismos, dirigentes políticos que aprendieron a negociar en la actividad política, aplican métodos de las matemáticas e invierten la cantidad dinero suficientes para la retención de un escaño, les enrostran en la cara a los pobres ciudadanos el costo de su moral y eso mismo valen para no asumir compromisos con la colectividad. Miguel plantea que el liderazgo crápula permanecerá hasta que no se ponga en práctica leyes partidarias que regulen las aspiraciones de nuestros futuros representantes en el Estado. No al liderazgo crápula para un mejor país, es la bandera que carga como estampa Miguel Faña Crisostomo para exigir más responsabilidad e integración de los mal llamados líderes políticos.




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