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lunes, 27 de marzo de 2017

Cuente los haitianos antes de que sea demasiado tarde

Fuente: www.Elnacional.com.do
Entre las 7:50 y la de la avenida Lope de Vega, en el polígono central de la capital, y 27 de ellos eran haitianos. Este patrón se repite en las primeras horas de la mañana y al caer la tarde, de cualquier día de la semana, en muchas de las principales calles y avenidas de República Dominicana.
Poco a poco, de manera pacífica, pero efectiva, se ha venido produciendo la “invasión” de los haitianos a los espacios públicos, al comercio informal, la industria de la construcción y las zonas agrícolas.

La situación debería llamar la atención de las autoridades, que parecen ciegas ante la avalancha de indocumentados haitianos que se adueñan no solo de pequeños poblados en remotas zonas de la franja fronteriza, sino que han llegado a las ciudades para quedarse.
Muchos de esos indocumentados han desplazado, por las buenas o por las malas, a dominicanos que se ganaban el sustento en las calles con la venta de diferentes mercancías.

Esos extranjeros, en su lucha por sobrevivir de este lado de la isla, en muchas ocasiones pelean con dominicanos y entre ellos mismos por los puestos de venta y hasta llegan a la agresión, sin que las autoridades se percaten de la situación o simplemente hacen creer que ignoran esa realidad.
Así, ocupan calles, aceras, puentes peatonales, parques, los frentes de grandes comercios y de las tiendas en las arterias comerciales, mientras organismos oficiales se conforman con decir que hay “control” en la frontera para evitar la entrada de indocumentados, mientras las ciudades se llenan de haitianos que vienen a incrementar los niveles de pobreza de los dominicanos.
Por eso, en amplios sectores de la población hay justificada preocupación porque opinan que probablemente en menos de 30 años los haitianos serían mayoría aquí, lo que implicaría la pérdida del territorio nacional y la desaparición del gentilicio dominicano.A los haitianos, la mayoría indocumentados, no solo se los encuentra en construcciones privadas y labores agrícolas, ahora también controlan las calles haciendo cuantas actividades se les ocurran. Venden de todo en calles, avenidas, plazas y semáforos.
Las principales calles y avenidas de la provincia Santo Domingo y el Distrito Nacional cada día tienen más vendedores y comerciantes de nacionalidad haitiana, quienes han multiplicado su presencia en los semáforos y aceras para ofrecer diferentes servicios.
La presencia de haitianos en el país se incrementó después del terremoto del 12 de enero del 2010, aprovechando la solidaridad de los dominicanos y las presiones de los organismos internacionales para que se evitaran las repatriaciones.
Esta es una realidad que se puede observar en las intersecciones de las avenidas del Gran Santo Domingo, Santiago y otras ciudades.
Se les puede ver por doquier, están presentes en todos los escenarios de la economía informal, sin ningún tipo de controles sanitarios. No pagan impuestos, ensucian, contaminan la ciudad, y destruyen la foresta.
En los últimos años han modificado el comportamiento pasivo por uno más activo, participando en actividades delictivas como venta de drogas, asaltos y robos, sin que las autoridades tengan mecanismos que le permitan ubicarlos, en caso de ser identificados.
A ninguna autoridad parece importarle la situación, pues no se ven acciones para poner freno a esta invasión pacífica, salvo esporádicas y tímidas redadas de agentes de la Dirección de Migración que repatrian a uno que otro haitiano sin documentos.
Pero la mayoría, casi inmediatamente, retorna al país porque no existen controles efectivos pese a declaraciones de las autoridades de que: “la frontera está sellada para la inmigración ilegal”.
Vehículos cargados de inmigrantes cruzan la frontera cada semana con la complicidad de militares destacados en la zona.
A esto se añade la burla en que se convirtió el Plan de Regularización de Extranjeros, básicamente dirigido a los haitianos, en el cual el país invirtió más de 50 millones de dólares.
El plan fue burlado cuando quienes debieron ejecutarlo suavizaron los requisitos para la inscripción de esos extranjeros, y ahora tenemos un problema que parece no tener solución.
Los artistas
Desde hace más de 30 años los artistas plásticos dominicanos vienen advirtiendo sobre el peligro que representa para la identidad cultural del país, las reproducciones en serie de pinturas que hacen los haitianos para ofertar a los turistas como obras de arte dominicana.
En la medida en que estas producciones siendo más que obras de arte, artesanías, pasan a ser vendidas en el mercado a precios bajos, en relación al valor que pudiera tener una obra de un artista local, poco a poco van calando en el interés foráneo.
Alberto Bass advertía hace más de una década que las autoridades debían tomar medidas para impedir que reproducciones de pinturas realizadas por haitianos fueran comercializadas como arte dominicano. Y no es que estuviera en contra de la artesanía o de la cultura haitiana, sino que todo eso atenta contra la identidad de los dominicanos.
Un Apunte
Plan para legalizar
En el año 2014, el Gobierno puso en marcha el Plan Nacional de Regularización, que conllevó una inversión de 2,300 millones de pesos y permitió “regular” a más de 200 mil haitianos.
El pasado año la Dirección de Migración reportó que había repatriado 30,159 haitianos indocumentados y 154 de otras nacionalidades. Pero el problema persiste.
Varios exponentes de la plástica nacional, entre ellos Aram Musset, manifestaron su desacuerdo con la falta de controles y de información hacia el turista de lo que es o no arte dominicano.
Mientras que Clinton López explica que el problema que ve en las obras que se venden, es que los turistas que las adquieren entienden que son obras de artistas dominicanos, por lo que ahí radica el problema principal.
Nadie sabe cuántos haitianos viven en República Dominicana, pero la percepción casi generalizada es que cada día entran más debido a la falta de control de quienes tienen la obligación de “atajar” a los indocumentados.

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