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lunes, 16 de marzo de 2015

La estrategia del diablo

Por: MANUEL NÚÑEZ

       Un  examen    prima facie  de las Constituciones de la República Dominicana en su Art. 18 y de la República de Haití en su Art. 11 despejaría todas las controversias surgidas en relación a la nacionalidad de los descendientes de dominicanos y de haitianos , sin que entre la variable del territorio, cuyas fronteras han sido abundantemente vulneradas.

  1. Todo descendiente de haitiano, sin importar el lugar donde nazca es haitiano. Esa es la única forma de acceso natural a la nacionalidad haitiana.
  2. Los hijos de dominicanos tienen derecho a la nacionalidad dominicana nazcan donde nazcan. Ese es el entronque fundamental de nuestro país.
De donde resulta una primera conclusión.
No hay ninguna razón jurídica para que pueda invocarse, en el caso concreto de los descendientes de dominicanos o de haitianos,   situaciones de apatridia. No hay, en consecuencia, razones para que se pueda acusar, irresponsablemente, al Estado dominicano de perpetrar un genocidio civil, por no otorgarle la nacionalidad dominicana, a personas que ya tienen una primera nacionalidad, que es la haitiana.
La nacionalidad no es otra cosa que vincular al individuo con el Estado. ¿A cuál de los Estados que comparten la isla de Santo Domingo deben vincularse los haitianos? Desde luego, a la porción haitiana.  El  Art.15, de la Constitución haitiana prohíbe la doble nacionalidad. ¿Resulta humanitario privar a los hijos de haitianos de la nacionalidad de sus padres? En una situación de promiscuidad territorial, donde las marejadas de haitianos  huyen del país más empobrecido del continente, no se han respetado los  protocolos  de ingreso de un país a otro. ¿Debemos , entonces, dejar que sea el caos el que decida el estatuto de nacionalidad de nuestro Estado.  O, como plantean los haitianos y las ONG que los apoyan, que esas decisiones se tomen en una Corte Internacional, y que los dominicanos sean la única nación del continente sin derecho a determinar quiénes son sus nacionales, como  ha planteado  el CARICOM en su  última declaración?
En la mayoría de países del mundo predomina el jus    sanguinis-. Vale decir, la nacionalidad por el origen. Porque es en la nación,  y no en el espacio geográfico,  donde nace la soberanía.
En otro orden de ideas, el Constituyente dominicano adoptó la disposición de que los hijos de extranjeros  que no estén en tránsito ni sean diplomáticos ni estén en condiciones de ilegalidad, que tengan residencia legal en el país puedan beneficiarse—si así lo desean–  del reconocimiento a la nacionalidad dominicana por jus solis. Es decir, por haber nacido en el territorio.
En el manejo de esa disposición radica todo el victimismo haitiano.
  • La primera característica del victimismo es la irresponsabilidad. En Haití, millones de personas viven en la actualidad sin nombre, sin documentos, sin poder ejercer sus derechos a elegir y a ser elegidos, en un estado de muerte civil . Ante esas circunstancias, el propósito del Estado haitiano ha sido, desde siempre, exportar sus problemas al territorio del país vecino. Se inculpa a la República Dominicana de la desnacionalización masiva que padecen los haitianos en su país. Se le acusa ante la ONU, ante la OEA, la UE  y  ante todas las instituciones del derecho internacional de privar a  ciudadanos, que,  según su propia legislación son haitianos, del derecho a la nacionalidad dominicana. Es el mayor esfuerzo hecho por Estado alguno para traspasarle su población a otro Estado, como si fuese un hato de reses. Los dominicanos, a juicio del Gobierno haitiano, son los responsables de un problema que ellos han fabricado. Es verdad que la nacionalidad, en muchos organismos mundiales, se enfoca  como un derecho humano. Pero esto no quiere decir que se  pueda elegir como  en un supermercado, cuál de las dos nacionalidades se prefiere, sino que a cada ciudadano, según su origen, le  corresponde una y no otra.  ¿En cuál de los dos Estados de la isla de Santo Domingo, pueden ejercer y reclamar ese derecho humano los haitianos? El Estado dominicano no tiene vela en ese entierro. Los haitianos han obligado a pagar a los dominicanos por una agresión inexistente. Han responsabilizado a los demás de sus problemas. Ante la comunidad internacional,  se nos considera culpables de los daños que padece Haití.  Los haitianos no tienen porvenir.  Solo pueden ser actores  internacionales, cuando protagonizan catástrofes humanitarias de  grandes  proporciones como el terremoto del 2010,  epidemias mortíferas como el cólera  o  cataclismos que lo convierten en un campo de muerte.. Todo eso  nutre una cultura de  la queja, un infantilismo generalizado, que coloca a los dominicanos en la posición de atacante, de culpable, y nos somete a un brutal proceso de descalificación. Cuando no hallan cuestiones concretas  sobre las cuales fabricar el ataque, entonces se nos acusa de anti haitianos, de racistas.  Se proponen con esos ultrajes desmantelar nuestra frontera jurídica. Se victimizan para oprimir.  Nos han impuesto una responsabilidad con su población que no nos corresponde.
Todos los Estados del Caribe  aplican sin excepciones  sus disposiciones migratorias, en beneficio de sus países, incluyendo a los haitianos. ¿ Por qué tendrían todos estos países derechos a ejercer su capacidad de autodeterminación, y los dominicanos se hallarían, al mismo tiempo, privados de esos mismos derechos?
  • En las relaciones internacionales los haitianos proyectan sus problemas hacia el exterior. Así ese Gobierno solicita el auxilio de la comunidad internacional para organizar unas elecciones, que son pospuestas cada vez por las veleidades y megalomanía de los participantes. Es un Estado pedigüeño, donde la primera reacción es imaginar a quien se le van a cargar los presupuestos de tal o cual proyecto. De ninguna manera, se le exige a los ciudadanos de ese país realizar los esfuerzos y los sacrificios que su circunstancia le obliga para salir del atolladero. Viven encorsetados por la incapacidad  , la frustración y la falta de voluntad.
En sus hospitales puede faltar el suero para salvar las vidas de millares de haitianos. Pero el Presidente de ese país , irresponsable e indolente,  culpará a la Comunidad Internacional o achacará  esas muertes a un retraso en las ayudas que ese país recibe. Porque el dinero del presupuesto  se ha  empleado para pagar las  presentaciones  del mundial de fútbol o para llevar a cabo el desahogo colectivo del carnaval en el cual el propio presidente es la primera figura.   Muy pocos donantes  están dispuestos echar sus fajos  de dinero en la hoguera de las improvisaciones haitianas. En vista de ello,  se desesperan. Se vuelven resentidos. Se inventan enemigos imaginarios. Les molesta nuestra forma de ser. Nuestra cultura. Siembran estereotipos de odio contra nosotros. Porque para ellos problema de Haití no se halla en su impotencia, en la ineptitud,  en la falta de probidad de sus gobernantes, sino en República Dominicana.
  • Los haitianos viven sumergidos en una deformación de la realidad. Nos acusan de apartheid, de racismo, de comportamiento discriminatorio. Tratan de presentar el caso dominico haitiano, como una réplica de lo que ocurría en Sudáfrica, para, de este modo, ocultar la invasión de nuestro país. Desde el punto de vista de las relaciones internacionales no nos hallamos involucrados  en el meollo  de sus conflictos ni los haitianos constituyen un problema interno de nuestro Estado.  Somos dos países distintos,  cada uno su territorio histórico, con una frontera intra insular. No  tenemos con los haitianos obligaciones  extra nacionales ni extra territoriales .
          Sin embargo,  los haitianos nos han declarado la guerra psicológica con el objetivo de descalificar internacionalmente a nuestro  país. Emplean la victimización para oprimir, chantajear, llamar la atención. En este caso, la estrategia del diablo consiste en desnudar un santo para vestir a otro. En nombre de la defensa de los derechos humanos de los haitianos, se despoja a los dominicanos de todos sus derechos

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