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lunes, 24 de marzo de 2014

ORIGEN, CONTEXTO, NATURALEZA Y OBJETIVO DE LOS TALLERES LITERARIOS DE LA REPÚBLICA DOMINICANA

Por: Pedro Ovalles--
Moca, capital de la provincia Espaillat, República Dominicana, siempre ha sido un baluarte cultural y literario en nuestra nación. Desde el siglo XIX, cuando la comarca fue elevada a provincia (1885), comenzó, desde esos inicios, enalteciendo el panorama literario dominicano. Específicamente en el renglón literario, la historia literaria del país no se puede contar ni escribir sino se toman en cuenta los aportes que ha dado Moca como municipio, hoy denominado con mérito: capital cultural de la República Dominicana. De Moca es el Presidente de la Academia Dominicana de la Lengua Española, el Dr. Bruno Rosario Candelier, y para nosotros los miembros del Taller Literario Triple Llama, es el crítico literario más importante que en la actualidad tenemos dominicanos en plenas facultades reflexivas. Además ha fundado, y sigue siendo su mentor y guía, el movimiento literario más influyente de las últimas décadas en Dominicana: el Interiorismo, cuyos postulados estéticos y objetivos, se centran en potenciar en la creación literaria tres dimensiones: lo metafísico, lo mítico y lo místico. Dicho movimiento literario tiene extensiones en toda Latinoamérica y en Europa, como es el caso de Italia y España. De Moca es Julio Jaime julia, padre de la cultura mocana, uno de los antólogos más importante de todos los tiempos de nuestra nación. También tenemos a Aída Cartagena Portalatín, la poeta más significativa de los últimos tiempos de la patria de Pedro Henríquez Ureña y de Juan Bosch, y la voz femenina más vigorosa de las últimas décadas; diría de todo el siglo XX. Tan sólo esos tres escritores dominicanos dan una idea lo bastante meridiana del sitial de Moca en la historia literaria de nuestro país.
El primero aún está en plena capacidad como exegeta de autores nacionales e internacionales, y aún vive en Moca. El segundo y la tercera ya fallecieron. Los tres tuvieron algo en común: nunca abandonaron su municipio; siempre, cada fin de semana, regresaban a su lar nativo a reunirse con la juventud estudiosa para orientarle e iluminarle su talento. Desde aquí hacen y han hecho su obra literaria, lo que ha permitido que sirvieran, o sirven –el que está vivo aún sigue– orientando y estimulando a las distintas generaciones de jóvenes escritores de la provincia. Así como ellos hay otros, no menos importantes: todos tienen una obra significativa hecha que les ha valido para figurar en las más prestigiosas antologías nacionales en los distintos géneros de la literatura dominicana, como el Dr. Juan Alberto Peña Lebrón, autor de un hermosísimo poemario titulado Orbita inviolable (1953), miembro de la Generación del 48. Otro escritor mocano de valía y reconocido nacional e internacionalmente, excelente ensayista, promotor cultural y poeta, es el ex-Ministro de Cultura José Rafael Lantigua, a quien le cabe la gloria de darle formal inicio en Dominicana, como en la actualidad se hace, a la Feria Internacional del Libro y la Lectura, la más importante de todo el Caribe y, probablemente, la más bien lucida en libros y visitantes escritores extranjeros, cuyo montaje, año tras año, se efectúa siempre con novedad y mucho júbilo. El precedente escritor mocano mencionado, hombre poseedor de un amplio abanico cultural que le hace merecedor de llamarle: culturólogo, pues puso la base del más entusiasta e importante evento cultural de los dominicanos. Esa efervescencia literaria, esa tradición siempre en in crescendo, enriqueciéndose cada día más, con algunos breves periodos de cansancio como es natural, hace posible que en el municipio se celebren constantemente eventos literarios, que siempre haya un grupo de jóvenes forjándose como cultores de poesía, plástica, teatro, música, narrativa y drama. Moca ha dado excelentes narradores, artistas del pincel, músicos, escultores, educadores, actrices, actores, decimeros o cantores populares; aquí podemos poner de ejemplo a Juan Antonio Alíx, el cantor popular más importante que ha tenido la República Dominicana, oriundo de Moca. En la actualidad existen grupos culturales, literarios, de estudio de la historia dominicana, de filosofía; organizaciones que concentran la juventud de vocación diversa: poetas sobretodo. Esas inquietudes intelectuales y artísticas, han hecho de Moca, como capital de la provincia Espaillat, un nido de creadores, lectores, tertuliadores de variados temas, por lo que no hay un fin de semana, comenzando desde el viernes, que no se realicen coloquios, recitales, presentaciones teatrales, cine fórum, puesta en circulación de libros, conferencias, entre otras actividades más de carácter intelectual y artística. El Taller Literario Triple Llama, como todos los demás Talleres de las diferentes provincias y municipios del país, surgió como una necesidad para darle espacio y respuesta a la juventud lectora y creadora de nuestra provincia, y como espacio literario, de naturaleza cultural, literaria y educativa, funciona primordialmente con el objetivo de estimular, pulir y formar la vocación literaria de sus miembros, y para tal fin, el Taller planifica y realiza programas de actividades en los colegios, escuelas, liceos e institutos de jóvenes que estudian carreras técnicas. En coordinación con la Dirección provincial de Cultura, se efectúan recitales poéticos, paneles sobre literatura dominicana, conferencias, coloquios: todos con jóvenes estudiantes donde se tratan temas literarios de interés para promover el hábito de la lectura, el conocimiento y el cultivo literarios. Estos encuentros sirven para reclutar los que tienen vocación literaria y, lo más importante, de una vez se invitan a formar parte del Taller y llevar a las reuniones sus creaciones para ponderar sus valores y proporcionarles sugerencias útiles para su posterior desarrollo como escritor. Los Talleres Literarios en la República Dominicana nacieron en los años sesenta, y surgieron como necesidad de cohesionar a la juventud lectora, creadora y crítica. Como tuvimos un dictador (Rafael Leónidas Trujillo Molina), desde el 1930 hasta el 1961, fecha en que fue ajusticiado, casualmente por mocanos –los dos dictadores que hemos tenido han sido decapitados por mocanos: uno de ellos cayó ejecutado en el municipio de Moca, a pocos metros del domicilio del Taller Literario Triple Llama, cerca del Colegio Porfirio Morales, Córdova #83–; pues en ese periodo de represión y retroceso democrático, de constricción de los derechos humanos, la juventud estuvo con las inquietudes frenadas, amordazadas mejor dicho, aunque en el transcurso de ese régimen déspota, surgió el grupo poético más fértil y trascendente de la literatura dominicana: la Poesía Sorprendida. Dos poetas mocanos formaron parte de ese importante movimiento poético: Manuel Valerio y Aída Cartagena Portalatín. Ésta es la autora de la novela más culta de la Literatura Dominicana: Escalera para Electra. Fue finalista del Premio Biblioteca Breve de la editorial Seix Barral en 1969. Esta autora formó parte del jurado en el Premio de Casa de las Américas, en La Habana (1977). Es la escritora dominicana más antologada y estudiada del siglo XX. Sus obras poéticas son las siguientes: Víspera del sueño. Santo Domingo: Ediciones de la Poesía Sorprendida, 1944. Del sueño al mundo. Santo Domingo: Ediciones de la Poesía Sorprendida, 1945. Mi mundo el mar. Santo Domingo: Editora Stella, 1953. Una mujer está sola. Santo Domingo: Editora Stella, 1955. La voz desatada. Santo Domingo: Editora La Nación, 1962. La tierra escrita. Santo Domingo: Editora Arte y Cine, 1967. Yania tierra. Santo Domingo: Colección Montesinos, 1981. En la casa del tiempo. Santo Domingo: Universidad Autónoma de Santo Domingo, 1984. Y si nos ponemos a detallar los pormenores de los galardones nacionales e intenacionales que también ha merecido nuestro Presidente de la Academia Dominicana de la Lengua Española, el ya mencionado Dr. Bruno Rosario Candelier: maestro, mentor e iluminador del autor de estas notas, se extendería mucho más de lo previsto este modesto discurso sobre Los Talleres Literarios Dominicanos: origen, contexto, naturaleza y objetivo de los mismos, sin obviar algunas pinceladas sobre el quehacer literario del lar nativo del autor de este texto. Los Talleres Literarios, como los clubes culturales, fueron la válvula que hizo posible la salida libertaria o sin cortapisas ideológicas de revistas literarias, de arte y de otra vertiente del pensamiento dominicano de la época. Salieron a la luz pública, sin restricción, nuevos periódicos de circulación nacional y local, conteniendo suplementos literarios, comentarios críticos de obras literarias vernáculas y foráneas, opiniones disidentes de las estructuras sociales y cuestiones políticas: una novedad para la época. Comenzaron a aparecer en esos medios de comunicación textos poéticos, narrativa, teatro, filosofía, historia, política; todo esto sucedía sin que la capital de la República (Santo Domingo) monopolizara las ediciones, las actividades literarias, las relaciones internacionales de carácter cultural. Los jóvenes de todas las edades y de todas las regiones del país, se dedicaron a crear espacios literarios e intelectuales en sus respectivas comarcas y provincias, espacios que sirvieron de canalizadores de esas inquietudes. Así se fue conformando la naturaleza de los llamados Talleres Literarios de la República dominicana: cenáculos para la inter-estimulación, compartir expectativas intelectuales, intercambiarse libros a modo de préstamo desinteresado por algunos cuantos días hasta que se lean, socializar conocimientos diversos, sobretodo literarios, comentar obras y autores, organizar recitales poéticos, publicaciones individuales y colectivas, darles recepción a autores ya consagrados y glosar su obra, promover en los centros educativos el sano hábito de la lectura y la escritura ajustada a la normativa del idioma, revisar el uso de la lengua en los textos presentados de los miembros del Taller y ponerlos a la consideración de toda la membresía. Esto se hace para corregir y sugerir, ayudar a usar la lengua lo mejor posible y detectar las novedades artísticas de las creaciones puestas a la consideración del grupo. Se hace con plena libertad, de manera lúdica, colectiva: es un ejercicio de ayuda recíproca; por eso la asistencia a las reuniones es personal, libre, sin sanción alguna, sólo que si alguno se aleja por más de un mes sin justificación alguna ya con eso estaría demostrando que su vocación no es tal, que carece del interés requerido para permanecer alimentando y enriqueciendo su talento: da muestra de deserción en el quehacer literario. Por eso los Talleres Literarios en Dominicana son como los buses, o “guaguas concho” como les decimos nosotros los quisqueyanos a los vehículos que transportan personas de un pueblo a otro: tanto entran como salen personas o pasajeros; pero siempre, en estas congregaciones literarias (los Talleres), hay un grupo que permanece. Con el tiempo, esos que vencen todos los obstáculos del medio y no le dan tregua a la vocación literaria, robustecen su afición con buenas y selectas lecturas de todos los continentes y nacionalidades, pues serán los verdaderos escritores que continuarían y sustanciarían la tradición literaria y darían aportes significativos a la historia literaria del país. Dijo: “los que vencen todos los obstáculos”, porque nosotros los que dirigimos los Talleres, y los propios miembros de los mismos, somos personas humildes, desposeídos de bienes materiales, que a duras penas logramos estudiar, y lo hicimos a base de muchos sacrificios, teniendo mucha fuerza de voluntad, y lo poco que hemos hecho y estamos haciendo en favor del crecimiento intelectual de nuestra nación, específicamente de los jóvenes estudiosos y de nobles ideales, lo estamos haciendo porque creemos en la regeneración moral e intelectual de los pueblos: creemos en lo humano como creemos que la esperanza siempre hay que tenerla, que aunque no se coma, nos mantiene permanentemente con sensibilidad social y ánimo de avanzar en la consecución de las metas perseguidas, parafraseando a Gabriel García Márquez. Libre es el hecho de leer cualquier autor, frecuentar la estética que desee, la ideología que quiera, la forma idiomática que guste, siempre y cuando los textos literarios tengan valor estético, calidad artística. Cada Taller tiene su coordinador o director, su fundador y mentor, que por lo regular tiene libros publicados, que posee experiencias en el quehacer literario, que dispone de relaciones vernáculas e internacionales. Cada Taller se registra en la Dirección Nacional de Talleres Literarios del Ministerio de Cultura de la República, para que tenga carácter de legalidad y reconocimiento estatal. Por eso el Taller Literario Triple Llama cada vez que se celebra una Feria internacional del Libro y la Lectura en Santo Domingo, o Regional, o interna en la nación, siempre tiene un rol protagónico: recitando poesías sus miembros, o participando en tertulias, paneles, encuentros de escritores noveles, o teniendo encuentros con escritores ya consagrados para conocer mejor su pensamiento literario y aprender de su formación literaria. Son diversas las formas de participación de los miembros de un Taller en una Feria del Libro y la Lectura en Dominicana. Cada taller tiene su lema. El nuestro es: Libertad Estética e Ideológica. Las reuniones se transforman en orgías líricas, rituales lecturales, veladas filosóficas y comentarios analíticos. A medida que aumenta el entusiasmo por el cultivo y la lectura literarios, cada miembro espera con ansia el sábado o el domingo para asistir a esos cónclaves y leer sus creaciones, compartirlas o socializarlas con los demás compañeros. Esa libertad de participación, trabajo creador y formador, le abre el paso cada día más al mundo de la literatura y se construye el camino que cada quien transitará de manera personal, ciclo que se va repitiendo generación tras generación, década tras década; entonces la tradición literaria se mantiene y se aquilata con nuevos autores y nuevas obras: verdaderos talentos literarios, también significativas creaciones que van a engrosar el cofre valioso de la literatura dominicana. De ahí que todos los autores nuestros se han formado y salido de agrupaciones literarias como son los Talleres, organizaciones de escritores que se forman de manera espontánea, y que luego cobran cuerpo y se convierten en moradas de vocaciones, hombres y mujeres con preocupaciones parecidas, de sensibilidad común y altamente humana, que inmediatamente se incorporan a la vida pública republicana, pues son reconocidos por sus aportes al desarrollo espiritual y material de la nación. Este enfoque puede hacer creer a cualquier lector de estas notas que nuestra literatura tiene un desarrollo o un florecimiento extraordinario, y que el mismo, su proceso, es bien conocido en el extranjero, y no es así esto último. Me explico: nuestra literatura tiene un buen impulso, contiene obras y autores de relevancia, de valores literarios ponderables, esto lo digo por la calidad de su lenguaje y por los juicios de autores exegetas de otras latitudes. Lo digo, además, por el interés que se está poniendo en el extranjero por nuestros autores. En cada Feria Internacional del Libro y la Lectura celebrada en Santo Domingo todos los años en el mes de abril, hacen presencia escritores célebres de diferentes naciones y continentes, y el interés que ponen por las obras de nuestros escritores, demuestra que si se difundieran más las creaciones de nuestros autores en playas extranjeras como debiera ser, y como es la responsabilidad del Estado, mejor sería el conocimiento que los extranjeros tuvieran de nuestra literatura. Creo que la nuestra tiene la valía necesaria para penetrar en el gusto de lectores foráneos y ocupar el lugar que se merece como literatura de aportes significativos a la de Latinoamérica. Un solo ejemplo de lo que digo lo constituye el caso del poeta de los años 80 José Mármol, ganador del Premio Nacional de Literatura 2013, también obtuvo el Premio Casa de América de Poesía Americana por su obra Lenguaje del mar, y nada más basta leer lo que dice la nota de prensa fechada en Madrid, España, pocos días después de conocerse el veredicto del jurado. Leamos: “El premio, que cumple su edición número doce, es convocado por Casa de América y está dotado con seis mil euros (unos 7,500 dólares) además de la publicación del poemario por la editorial Visor. El galardón tiene como objetivo “estimular la escritura poética en el ámbito de las Américas”. El jurado que falló el galardón destacó del premiado “la madurez lírica de un poeta que aborda el tradicional tema del mar con voz propia”. “Los paisajes marinos permiten una meditación interior siguiendo los retos planteados por poetas como Pedro Salinas, Rafael Alberti o Juan Ramón Jiménez”, subrayó el jurado. De este poeta, nacido en una provincia próxima al municipio de Moca, La vega, y que pertenece a nuestra generación de los años 80, me permito transcribir dos poemas suyos que se han convertido en himnos para los jóvenes poetas de los distintos Talleres Literarios del país. Se titula el primero: Esquicio del vuelo. Leamos: “voy a dibujar un pájaro que es su mismo vuelo. y un vuelo que aún no tiene pájaro. vuelo que se crea con su pájaro. pájaro agotado en los tonos de su vuelo. no voy a dibujar un pájaro volando sino al mismo vuelo dibujándose. y en mi turno de sentirme dios. voy a crear un himno para el viento y la memoria”. El otro se titula: Otra vez un poema. Leamos: “Cada palabra es una flor que aborrece su forma y su olor desprecia. cada flor es una voz. un lenguaje abierto a la piedad. al amor. al tedio. un cosmos reunido en una breve mancha nacida para el aire. tímido latido del inmenso letargo celestial esa flor. un vagido tal vez de algún dios corrompido. por la estirpe de barro soplado y su alfabeto. cada palabra es una flor que aborrece su forma y en el instante queda”. Para finalizar con José Mármol, ahora leamos el poema: Azul del mar, contenido en el poemario Lenguaje del mar, ganador del referido certamen literario en España. Leamos: “Azul es el color de lo serenamente bello,/ de cuanto se asemeja a la perfección de Dios./ Azul cielo. Azul mar/ Azul el camino de la convicción y la certeza./ Azul, cómo no recordarlo,/ese azul del metileno que azuzaba los delitiros/ en la estación infante de la fiebre y los sollozos./ Veo aldabas de puertas y ventanas sin tiempo./ Aldabas contra el miedo. Aldabas de ilusión./ Aldabas insinuando el perfil de su vigor./ Metales en las puertas de mi barrio de polvo,/ espacios donde oculta la tristeza su pudor./Azul es el tamaño de la fascinación./ Azul es el calor de la arena de tu pecho./ Azul como mi casa de la infancia, enfermo y solo./ Azul cielo. Azul mar”. En esta parte de esta disertación es conveniente resaltar el hecho que Mármol, poeta aludido precedentemente, es un fruto de los Talleres Literarios. Fue miembro en sus años de estudios universitarios del Taller Literario César Vallejo de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD), y tuvo la responsabilidad de dirigirlo por unos cuantos años en la década de los 80, y en tal década fue donde más pulularon y se desarrollaron a nivel nacional los Talleres Literarios. Hay que destacar, por igual, que el Taller César Vallejo de la UASD es el tercero como fundado en su género, coincidiendo con la formación de la Extensión Cultural de nuestra Universidad Autónoma. Según el Presidente de la Academia Española de la Lengua, el primer Taller Literario fundado en el país se denominó Littera, y a quien le cabe la gloria de ser su fundador es al Dr. Bruno Rosario Candelier. Una prueba de ello es el poeta, narrador y ensayista José Enrique García, que inició su producción en los años 70, quien formó parte del pionero y mencionado Taller Literario de la República Dominicana en Licey al Medio, municipio de Santiago de los Caballeros. Luego le sigue en segundo lugar como precursor el Taller Literario Octavio Guzmán Carretero de Moca, y el autor de estas notas es uno de los fundadores del mismo al final de la década de los años 70. En la Universidad Autónoma fue donde comenzó el más potente y fértil movimiento cultural dominicano, convirtiéndose en bastión y vanguardia cultural, artística, educativa y política de la nación. En 1966, y todos los años 70 y 80, y los en los inicios de los 90, se vivió en República Dominicana un periodo de represión y concentración de todos los poderes del Estado por parte de un partido político que creó una llamada “Banda colorá” (el símbolo de ese partido es el color rojo), y tal Banda o grupo de civiles al servicio del gobierno de turno, azotó a los jóvenes estudiosos y cuestionadores o disidentes del statu quo vigente, torturando y asesinando a la mayoría de ellos, solamente porque se oponían abiertamente al régimen represivo encabezado por el Dr. Joaquín Balaguer, y quien era el Presidente títere cuando decapitaron la tiranía trujillista un 31 de mayo de 1961, y es bueno recordar, igualmente, que fueron los mocanos quienes más participaron en ese tiranicidio. Por eso, la juventud más preparada académicamente hablando y consciente del momento histórico que vivía la República Dominicana, se recluyó en el movimiento cultural dominicano, y la UASD fue la sede, como ya se dijo, de tal efervescencia ideológica, cultural, artística y política. El poeta Mármol vivió todos esos avatares. Y los que vivíamos y aún vivimos en las provincias, teníamos contactos con los de Santo Domingo, específicamente con el movimiento cultural y artístico de la UASD. Fue así, pues, que Moca también fue y sigue siendo un referente importante en los inicios de los Talleres Literarios dominicanos. El fundador, mentor y guía del Taller Octavio Guzmán Carretero de Moca (primer Taller Literario fundado en Moca) fue el Dr. Bruno Rosario Candelier, quien era y sigue siendo nuestro preceptor y paradigma en lo referente a lo literario. Octavio Guzmán Carretero fue un importante poeta mocano de renombre nacional, que frecuentó varios grupos literarios como el Postumismo y la Cueva, y que con un solo poemario editado en el 1939, está considerado el más importante pionero en introducir en la poesía dominicana los movimientos de vanguardia. El autor de estas líneas realizó un estudio de la vida y obra de ese poeta mocano, y aparece en su libro de ensayo que editó el Ministerio de Cultura en 2009: Lenguaje, utopía y creación, y ha demostrado que, para esa fecha en los años 30, Carretero conocía o leía con fruición a los poetas españoles de la generación del 27. El caso más patético son los ecos de la poesía de Federico García Lorca en el poemario de Carretero: Solazo. Lo podemos percibir cuando vemos la osadía de sus imágenes y símbolos, los desplazamientos semánticos: muchas de sus metáforas y sinestesias tienen un sabor lorquiano. Aunque es una poesía de contenido sociopolítico (en nuestra opinión, el pionero en la poesía dominicana de esa vertiente o modalidad), supo hacer una poesía altamente artística, con una densidad poética asombrosa; pero lo que más sorprende es el hecho de hacer una poesía circunstancial de evidentes referencias históricas y políticas, y aquí está nuestro asombro y el de muchos exegetas dominicanos: el nivel de artisticidad produce un placer estético que atrapa el interés del lector y hace que todo el poemario perdure y sea un referente obligado para las nuevas generaciones. No escribió un solo poema que no sea digno de ser antologado. Murió a los 33 años, y ya a esa edad dominaba la Lengua Española con maestría. Fue un autodidacta. A los 24 años escribió su único poemario. Cuando murió en 1948, todos los periódicos de circulación nacional y local hicieron eco de su fallecimiento. Después de lo anterior, que puede verse como una digresión necesaria, no podemos dejar de resaltar algo muy importante que está sucediendo en República Dominicana, y que tiene que ver con la atención que se le está poniendo a la educación pública y privada. Desde hace algún tiempo, la sociedad dominicana venía exigiendo que se pusiera la Educación como prioridad nacional y que se invirtiera en ella el 4% del Producto Interno Bruto (PIB). Ya los dominicanos estamos disfrutando de esa conquista. El Ministerio de Educación posee los recursos económicos necesarios para ejecutar planes, como lo está haciendo, que motiven a los estudiantes a leer y a usar lo mejor posible el idioma. Para esos fines se realizan en las escuelas, liceos y colegios, sectores público y privado, Olimpíadas de Lectura y Ortografía, en las cuales, con mucho entusiasmo, los jóvenes estudiantes compiten unos a otros, poniendo en práctica sus habilidades en el análisis literario, la calidad, la profundidad y cantidad de los conocimientos literarios disponibles. Ellos demuestran ante los jurados examinadores las competencias que tienen en el uso escrito y oral de la Lengua Española y la Literatura en general. Estos certámenes crean una base importante en los jóvenes estudiantes para que luego, los que tienen vocación literaria, ingresen a los Talleres Literarios y se desarrollen, recibiendo la orientación y el estímulo necesarios para que encuentren o construyan su propio camino y puedan edificar con su talento y dedicación a la lectura y la escritura las huellas o las obras que lo van a dar a reconocer como escritores de valía en la historia literaria dominicana. Después de todo lo antes expresado, es conveniente terminar estas sencillas y escuetas ideas, enfatizando el deseo que tenemos los dominicanos: que tres importantes Ministerios aúnan criterios y esfuerzos para que juntos, con todos los recursos materiales y humanos que poseen, emprendan una ardua labor de difusión de nuestros escritores en el exterior. Urge la necesidad, cuanto antes, que nuestro Estado, a través de esos tres Ministerios, Educación, Cultura y Relaciones Exteriores, diseñe una ambiciosa política de difusión de nuestra literatura nacional por todos los continentes. Que las obras de nuestros jóvenes talentos literarios lleguen a las distintas urbes extranjeras y que, por igual, las obras de nuestros autores ya consagrados se den a conocer en el extranjero. Esta labor la tiene que encabezar el Ministerio de Relaciones Exteriores con la colaboración de los dos Ministerios mencionados anteriormente. Mientras tanto, los que estamos como orientadores y a la vez como hacedores de obras de ficción, tenemos que hacer todo lo esté a nuestro alcance para ayudar, desde nuestro terruño y con la colaboración de amigos dentro y fuera de nuestro país, a los jóvenes que demuestren poseer vocación para la Literatura. Tenemos conciencia de nuestras fortalezas y debilidades, por lo que no descasaremos de hacer lo humanamente posible para que nuestra literatura sea conocida en el exterior. Desde el municipio de Moca, provincia Espaillat, República Dominicana, los miembros del Taller Literario Triple Llama, le damos las gracias al ilustre escritor hermano de Madrid, España, Enrique Gismero, y a todos sus amigos que de una forma u otra colaboran para que nosotros aquí en República Dominicana estemos disfrutando de su amistad y su probada generosidad. Municipio de Moca, provincia Espaillat, República Dominicana, 14 de marzo del 2014.

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