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martes, 14 de marzo de 2017

Punta Catalina

Por:
Pedro P. Yermenos Forastieri pyermenos@yermenos-sanchez.com
Dar una respuesta adecuada en el país a los gravísimos problemas suscitados por el destape en el extranjero de los fraudulentos mecanismos de operación de Odebrecht, debe incluir tomar decisiones sobre la totalidad de las obras en las cuales participó la misma. Haber sido ejecutadas en este o anteriores gobiernos, no debe ser motivo de tratamientos diferenciados. Se ha producido un conjunto de maniobras que vulneran normativas penales y, en ese sentido, se precisa una reacción integral. Cualquier intento de particularizar o solo intervenir unas cuantas, sería injusto, sectario y prejuiciado.

No es posible negar que por su envergadura; el hecho de estarse ejecutando en el presente; y la trascendencia que la actual gestión gubernamental asigna a la misma, la construcción de las plantas de producción de energía de Punta Catalina tienen elementos especiales. Pero eso no justifica que se hagan las cosas que respecto a ellas se llevan a cabo.
¿Qué puede explicar que en medio del escándalo el gobierno desarrolle una profusa campaña promocionando reales o supuestas bondades de la obra? ¿Por qué, siendo el manejo del expediente atribución exclusiva del Ministerio Público, designar una comisión para analizar licitación y asignación solo de esa obra? ¿Es lógico o no suponer que esa defensa intransigente puede constituirse en elemento de presión de la referida comisión? ¿Por qué se pretende contaminar lo que una parte cada vez mayor de la sociedad está demandando afirmando que se trata de algo estimulado por intereses que podrían resultar afectados con la operación de las plantas? ¿Por qué afirmar que lo que se reclama es la paralización de la obra estando avanzada en un 70%, si nadie ha postulado por eso, sino porque se busquen mecanismos alternativos que excluyan a Odebrecht de su finalización?
Son inocultables los propósitos del gobierno por hacer de Punta Catalina un espacio deslindado del problema que representan los escándalos que sacuden a varios países de la región.
En eso, como en otras cosas, olvida que la gente no es tonta y que en la actualidad, con las tecnologías de la comunicación, las cosas son diferentes al pasado.
Al margen de oposiciones interesadas a estas plantas, se reclama que todo sea esclarecido y se produzcan las debidas consecuencias. Claro que sería locura paralizar ese proyecto, pero no tanto como que nueva vez, en el país sucedan cosas como las admitidas por la propia empresa y nada ocurra. Ninguna locura mayor.

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