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viernes, 28 de julio de 2017

La oposición venezolana prosigue el desafío a la Constituyente de Nicolás Maduro

 (TSJ).
EEUU da a sus diplomáticos libertad para abandonar el país y anuncia que evacuará a sus familiares
El pulso entre Gobierno y oposición prosigue en víspera de los comicios constituyentes, con los que Nicolás Maduro pretende perpetuarse en el poder y radicalizar la revolución bolivariana. La Toma de Venezuela, proclamada hoy por la oposición, no sólo desafió al Gobierno, también lo hizo con militares y policías, encargados de cumplir la prohibición del ejecutivo para protestar y reunirse en toda Venezuela.

La multitudinaria marcha prevista en Caracas fue cambiada por múltiples trancones y protestas a pie de calle por todo el país, sobre todo en las zonas más afectadas por la represión y en los lugares donde se han producido múltiples enfrentamientos.
Pero la orden gubernamental ya había conseguido su primer objetivo: evitar la imagen de cientos de miles de personas marchando en paz contra el Gobierno.
La Oficina del Alto Comisionado de la ONU para Derechos Humanos mostró su preocupación ante la "prohibición de los derechos básicos de expresión y manifestación, especialmente en el contexto de proceso electoral del domingo".
El cansancio y el amedrantamiento hicieron mella entre los "protestantes" durante buena parte del día, marcada por una tregua de ocho horas, las justas para que la gente se aprovisionara de comida y los vehículos atravesaran los restos de barricadas. Sobre el país pendía una nebulosa extraña, una especie de temor incrementado tras la noticia de que la Embajada de Estados Unidos evacuará a los familiares de sus diplomáticos y dará libertad a estos para abandonar el país criollo.
"Las embajadas mandan a sacar a su gente, mi jefe se fue del país y no sabemos cuándo vuelve. Es mejor tener algo en casa porque todo luce complicado", se quejó Maximiliano a EL MUNDO tras hacer las compras en un supermercado de La Florida caraqueña.
Quien todavía se mantiene en Caracas es José Luis Rodríguez Zapatero, quien hoy volvió a reunirse con dirigentes de la oposición en un penúltimo intento de acuerdo. El llamamiento al diálogo de Nicolás Maduro provocó que el ex jefe de Gobierno español no abandonara la capital venezolana. Pero "nada de lo que plantea puede ser aceptado", aseguró uno de los presentes a este periódico.
El gobernador opositor Henri Falcón, líder ex chavista de Avanzada Progresista, fue el único dirigente de la Unidad Democrática que instó a sus compañeros a hablar "sin complejos ni ataduras ideológicas". El empeño del 'hijo de Chávez' es evidente: convencer a la oposición para que también forme parte de la Asamblea Nacional Constituyente, una buena forma de "legalizarla" ante el repudio de buena parte de la comunidad internacional.
Repudio que aumenta día tras día, no sólo por las constantes violaciones a los derechos humanos, sino también por las revelaciones que llegan desde Washington. Michael Fitzpatrick, subsecretario de Estado, desveló a los medios que su administración ha hallado bienes por valor de más de 500 millones de dólares pertenecientes al vicepresidente Tareck El Aissami y sus testaferros.
Más allá de la diatriba política, los temores de Maximiliano no son baladís: la escalada de la violencia no ha encontrado, ni mucho menos, su techo. Ya son 114 los muertos en las protestas contra Maduro, ochos de ellos entre jueves y viernes, durante el paro cívico de 48 horas convocado por la oposición. Y uno más, de momento, durante la toma de hoy.
Se trata de Eduardo Rodríguez Gil, de 53 años, asesinado durante los enfrentamientos en Táchira. Se da la circunstancia de que la víctima era un coronel retirado de la Guardia Nacional, el cuerpo militar que dirige la represión. En ese estado fronterizo la resistencia consiguió inutilizar 38 centros electorales, ya preparados para el domingo.
120 días de protestas
Las otras víctimas son el policía del estado andino de Mérida, Oneiver Quiñones, de 30 años, quien recibió un disparo en la cabeza el jueves mientras "despejaba los escombros" en una tranca de calles en la localidad de Ejido, informó la Fiscalía. Cinco agentes gubernamentales y un paramilitar chavista han perdido la vida en la ola de protestas, que mañana cumplen 120 días.
Los enfrentamientos en ese municipio merideño no cesaron en toda la semana, incluso el miércoles fue un opositor, Rafael Balza, el que perdió la vida. Los sacerdotes intentaron convencer a los agentes gubernamentales para que permitieran su entierro, incluso avanzando hacia una tanqueta militar que se encaraba contra la gente.
El recrudecimiento de la represión se constata tras conocerse las circunstancias que rodearon el asesinato de Miguel Pestano, de 23 años, que según los testimonios de vecinos a medios locales fue ejecutado el jueves por un militar en Cabudare, en el centro del país. El joven se arrodilló ante un guardia nacional y éste le disparó por la espalda, acabando con su vida.
El jueves también fue asesinado Leonardo González, de 48 años, en Los Guayabitos. Policías locales persiguieron a este gerente comercial cuando acudía a entregar comida a los "escuderos de la libertad", como llaman a los jóvenes que se mantienen en resistencia. Los agentes acribillaron su vehículo, alcanzándole en la espalda una de las balas.
González, según sus conocidos, era un líder positivo en la zona, que entregaba comida a los manifestantes y formaba parte de Doctor Yaso, una organización de personas que se disfrazan de payasos para divertir a niños enfermos en los caóticos hospitales públicos de Venezuela.
Entre los fallecidos durante la huelga hay dos menores de 16 años, uno que recibió un disparo en la cabeza el miércoles cerca de una barricada en El Paraíso, oeste de Caracas, y otro que también fue herido de bala ese día en una manifestación en Petare, este de la ciudad.
El Foro Penal precisó que en total se han producido 4.848 arrestos por protestas, que dejan a 1.348 personas detenidas. Entre los capturados, 527 fueron presentados ante tribunales militares. El número de presos políticos ya supera los 500.
Uno de los detenidos más pintorescos fue Wuilly Arteaga, el famoso violinista de las protestas, que el jueves volvió a las calles después de haber curado los perdigonazos que le disparó la policía a su rostro. Los defensores de derechos humanos intentaban hoy conseguir su liberación.
Quien también decidió atrincherarse hoy en el Palacio Municipal de Barquisimeto, una de las ciudades más importantes del país, fue su alcalde, Alfredo Ramos. "No entregaremos la alcaldía a ningún usurpador", aseguró rodeado de sus seguidores, ante el intento del chavismo de tomar posesión del ayuntamiento a través del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ).

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