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miércoles, 16 de marzo de 2016

HAITÍ: de un Estado fallido a un Estado Zika

Rafael Guillermo Guzmán Fermín
“Lo extraordinario del virus del tifus, como del resto de los virus, es su increíble insignificancia; los ojos no pueden verlo, pero él puede detener el curso de la vida, decidir el destino del hombre, y hacer pedazos, si lo desea, una familia.”
- Naguib Mahfuz -

Según han establecido los expertos en el tema, la “sintomatología” de un Estado fallido se destaca por la falta de dominio de sectores que componen una nación, cuya fragilidad se caracteriza por el fracaso social, económico y político convirtiendo a ese Estado en ineficaz, y cuyo gobierno es tan frágil que posee poco control sobre el uso legítimo de la fuerza, una pérdida del dominio físico en partes de su territorio, que muestra incapacidad de proveer, como Estado, por sí solo, los servicios públicos básicos, y tampoco de garantizar la seguridad y defensa a sus ciudadanos. Además, de que exhibe elevados niveles de corrupción, altas tasas de criminalidad, paros parciales en sus actividades económicas y la erosión de la autoridad legítima en la toma de decisiones, acentuada por una ineficacia de su sistema judicial, una compleja burocracia estatal y completada por un cuadro de inestabilidad en la  gobernabilidad, lo cual provoca el desplazamiento de sus ciudadanos dentro o fuera de su territorio.

A partir del día 7 del mes  pasado, con la salida del poder del presidente haitiano, Michel Martelly, bajo la sombrilla de un “acuerdo político” con el Parlamento haitiano, mediante la creación de un “gobierno provisional” que lograra amortiguar el “vacío de poder” generado por la incapacidad de los actores políticos de organizar y realizar unas elecciones exitosas, la comunidad nacional e internacional  ha sido testigo de la crisis electoral que, a la vez, han provocado protestas, disturbios de gran calado y una escabrosa crisis de gobernabilidad.
Esta endeblez del Estado haitiano es un catalizador que ya está generando tensiones políticas internas que podrían debilitar, aún más, sus frágiles instituciones estatales provocando mayor desconfianza en su “sistema democrático” y de gobierno, y aumentando a la vez, el clima de incertidumbre, lo que afectaría, sin dudas, todas las actividades sociales y económicas de esa “abortada” nación.
Todo este abrumador escenario de fracasos sucesivos ocurre en una nación que está literalmente intervenida por fuerzas militares de las Naciones Unidas en “misión estabilizadora”, MINUSTAH, debido a la incapacidad de Haití de valerse por sí misma, a pesar de las multimillonarias sumas de dinero, en donaciones, procedentes de muchas naciones del mundo, incluyendo la nuestra,  sin contar con las condonaciones de su deuda externa.
A pesar de todo esto,  la República de Haití ha carecido de la capacidad estructural, como Estado,  de ser funcional. Sus actores políticos han sido los promotores del caos y notablemente incapaces -no por falta de talentos- de ponerse de acuerdo con la poderosa “élite haitienne” con el objetivo de redireccionar una consensuada política de desarrollo nacional, con equidad distributiva, que logre sacar a esa mal gobernada y administrada nación por los senderos del progreso y estabilidad nacional.
Todo lo planteado anteriormente viene a ser corroborado en la obra titulada: “Reconstruir Haití: Entre la esperanza y el tridente imperial”, cuyo autor es el ex representante de la OEA en Haití, el brasileño Ricardo Seitenfus,  cuando expresa que por el momento él no ve una salida a la crisis haitiana, agregando más adelante, que a su juicio, el tridente integrado por las tres potencias que se presentan como amigas de Haití, Estados Unidos, Canadá y Francia, no han impulsado una política correcta para contribuir a superar la crisis de la nación antillana. (Obra puesta en circulación este 10 de marzo en la Sala Juan Bosch de la Biblioteca Nacional).
Si comparamos los “síntomas” de afección que padece Haití descritas a propósito de esta última crisis política con las “sintomatologías” reseñadas en el primer párrafo sobre las características de un “Estado fracasado”, podemos colegir de manera indubitable, sin tener que ser un experto en geopolítica, que la República de Haití es un ESTADO FALLIDO.
Esta situación político-social de nuestros vecinos debería ser muy bien observada por el Estado dominicano y las demás naciones del mundo, con la misma rigurosidad que están poniendo para prevenir y combatir el contagioso “virus del Zika”, de manera que los nocivos efectos de la crisis haitiana no se propaguen, como una epidemia migratoria, en toda la región.
Pues una crisis socioeconómica en Haití, sumadas a las debilidades propias de un Estado fallido, agudizada por una gran crisis política, mas una nación que sucumbe bajo el dominio del narcotráfico internacional y el crimen organizado; una población esclavizada por sus élites a la pobreza extrema, y que mezclados con un vacío de poder, estaríamos ante los ingredientes de un “volcán en erupción” cuyo estallido provocaría el derramamiento de actos de violencia cuya “lava incandescente” arrasaría con todo lo que esté en su camino, desatando así una estampida desestabilizadora de haitianos, que no solo afectaría a nuestro país, sino también a toda la región.
Mis palabras son robustamente avaladas por los dramáticos acontecimientos que están sucediendo en estos momentos en toda Europa con las migraciones masivas de ilegales que ha colocado a la Unión Europea (UE) al borde de un naufragio político a pesar de los esfuerzos infructuosos de la líder europea Ángela Merkel para distribuir, con racionalidad germánica, a los millares de inmigrantes entre el mosaico de países que conforman el tablero de la UE.
En este contexto, la crisis económica europea continúa escalando con la suficiente gravedad como para que ninguno de los líderes políticos pongan en riesgo sus carreras por actuar con la hipocresía de una supuesta “solidaridad, humanismo y socorro internacional” tal como lo ha demostrado el primer ministro británico David Cameron al negarse recibir a los desdichados inmigrantes que se asentaron en la ciudad francesa de Calais, en el norte Francia, con la falsa esperanza de cruzar a Inglaterra. Esto trajo como consecuencia que el presidente FranÁois Hollande ordenara el desalojo de los campamentos de refugiados con el uso de la fuerza, lo que provocaron incendios y serios disturbios.
Otra de las múltiples aristas de esta crisis migratoria es que ha dado pie al renacimiento de movimientos neonazis en un gran número de partidos políticos y organizaciones pertenecientes a la ultraderecha europea quienes están promoviendo acciones abiertamente racistas y xenófobas con peligrosas repercusiones de violencia.
Este drama migratorio ha forzado a que en esta semana pasada, el comisario europeo para las Migraciones, Dimitris Avramopoulos, lanzara un llamado desesperado para detener la hemorragia migratoria “pues de  no ser así se corre el riesgo de que el sistema migratorio se hunda totalmente”. Esto trajo como resultado que la  Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), que inicialmente se negara a intervenir en este conflicto, se viera obligada a aplicar un “torniquete náutico” a esta hemorragia humana enviando una flota naval al mar Egeo para proteger las costas europeas, tal como lo hicieran los mismos EEUU frente a las costas haitianas, con la expresa y estratégica misión de evitar el flujo de inmigrantes ilegales haitianos a la próspera nación norteamericana. Paradójicamente, este país junto con Francia y Canadá, son los que promueven la creación, en nuestra isla, de un “estado binacional” con el objetivo de que sea la humilde República Dominicana que absorba (lo que precisamente ellos ya no soportan absorber a pesar de su riqueza)  a los migrantes procedentes de la menesterosa y fallida República de Haití.
Analizados los contextos planteados, podemos concluir que, de no tomar las medidas preventivas respecto al Estado haitiano, todo aquello podría evolucionar de un “Estado fallido a un Estado Zika” pues lo que caracteriza esta nueva epidemia es el retroceso de la evolución del hombre por sus deformaciones causadas; en este tenor, la inestabilidad de la gobernanza y los desplazamientos sociales son como un virus: muy contagioso. Que si se expanden, lograrían impedir el avance hacia el desarrollo de las naciones que lo padecen, tal como hemos descrito las afecciones migratorias de los ricos estados europeos.
De manera que, invito a los tomadores de decisiones que reflexionen lo planteado por el famoso escritor egipcio  Naguib Mahfuz, de quien extraje el pensamiento del presente artículo, tratando este delicado tema como un “virus”, que aunque muchos no puedan “ver” los acontecimientos haitianos como algo de preocuparse debido a su “increíble insignificancia”, TENGAN CUIDADO, pues esos hechos, si se desataran, podrían detener el curso de la historia, decidir el destino de millones de dominicanos, y hacer pedazos, si los dejan, a toda nuestra nación.
El autor es miembro del Círculo Delta.

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